DISTRITO 391

Más allá de la postal turística por la que se conoce a nuestras islas afortunadas, especialmente a las islas capitalinas, Tenerife y Gran Canaria, que reciben anualmente a 30 millones de turistas, están las comunidades menos desarrolladas y menos masificadas, donde aún se respira el espíritu de los indianos retornados de roturar la pampa o cortar caña en Cuba (también últimamente muchos Venezolanos, hijos de Canarios con el corazón "partío"). Es en esas zonas, donde los peninsulares son lo exótico y te sientes más cerca de la América Española que de la península, pero siempre en medio del vasto océano. Salvo cuando llega la calima, en ese momento se nota de veras la cercanía del otro océano, el de arena del Sahara.

Es de más allá de este desierto de donde llegan las embarcaciones que lo bordean cubriendo largas distancias con apenas combustible o, a veces, ayudadas por ONGs para arribar a las Canarias. No van a las islas de Cabo Verde, ni a otros puertos más cercanos, porque es aquí, en España, donde está el efecto llamada. Es aquí donde el "buenismo" se ha apoderado de una clase política teledirigida desde Bruselas o Davos. Es aquí donde quieren convencer a los isleños de El Hierro o la Palma, con 11.000 y 85.000 habitantes respectivamente, que tienen que aceptar anualmente a 46.000 inmigrantes, muchos de ellos venidos de Afganistán o Bangladesh.

Desde que Italia se puso firme y cerró la ruta de Libia, las mafias del tráfico de personas, junto con las ONGs que hacen de taxi marítimo, han abierto una ruta ya conocida, la de Canarias. Ya en 2007, gobernando el infame Zapatero, saltó a las noticias la invasión de Cayucos, que alarmó a un gobierno que dio como solución ceder al chantaje de los gobiernos locales que exigían una mordida por cada ciudadano de su país que retornara, en una muestra clara de debilidad política. Pero las mafias ya han aprendido, y ahora, con la connivencia de ONGs de la órbita de la Open Society de Soros y de gobiernos también de la órbita de Soros, desean sacar tajada económica de la Unión Europea, la cual financia la inmigración masiva y descontrolada bajo el pretexto de la baja natalidad que ellos mismos han fomentado en las sociedades occidentales. Les quieren hacer creer a los 11.000 herreños, que los 46.000 inmigrantes llegados por la ruta de Mauritania, muchos de ellos afganos o del lejano oriente, que no saben hablar nuestra lengua ni escribir en nuestro idioma, les van a pagar las pensiones o a respetar sus costumbres cristianas aunque se lo prohíba su fe. Obviamente la farsa del multiculturalismo se cae ante el choque tan grande de culturas que se experimenta en un sitio tan pequeño y con recursos tan limitados.

Pero el problema está en que ni los herreños, ni los palmeros, ni siquiera los gomeros, pueden hacer nada porque los 7 diputados de la provincia de SANTA CRUZ de Tenerife se deben a quien los puso en la lista. Y el presidente de la CCAA, que ha sido regado con el dinero de Bruselas para tapar bocas y comprar voluntades, ya ha pactado en el gobierno de Madrid el envío de parte del flujo de inmigrantes en vuelos ilegales a la península dejando al resto de inmigrantes en las islas para que los absorban las comunidades locales. ¿Acaso le han preguntado a alguien? ¿Acaso les preocupan las necesidades de los habitantes de estas islas? Algunos, como los palmeros, que siguen durmiendo en barracones desde la erupción del volcán, son para las élites locales apenas un número que se puede reemplazar con otro número venido del lejano oriente, sin que importe nada más que la subvención que pueden sacar con ellos.

¿Y qué puede hacer el herreño? Pues nada. Con este sistema ajo y agua, que diría un castizo. Porque ni elige a su representante, ni tiene su distrito, ni ninguno de los diputados provinciales ha sido puesto en la lista por él, sino por el jefecillo provincial, cuando no por la larga mano de la cúpula regional o nacional del partido al que pertenezcan. No puede hacer nada porque no existe el distrito número 391 que conforman las islas de El Hierro, La Palma y La Gomera. Si existiese, los ciudadanos podrían pasarse por la oficina del diputado de distrito para exigirle que solucione el problema promoviendo en el parlamento, con carácter de urgencia, una moción para detener el efecto llamada y solicitar ayuda a Salvamento Marítimo, para que apliquen la ley que les obliga a llevar a los inmigrantes al puerto más cercano, y en caso de insubordinación, llamar a la Marina Española para que la ley se cumpla. Y esa moción, sería inmediatamente secundada por representantes de otros distritos que se encuentren en la misma situación de avalancha migratoria, sin la tiranía de partidos a la que estamos acostumbrados, ya que con el diputado de distrito, el poder no estará en el partido sino en el distrito y sus electores, de donde nunca debió salir.

Si, por el contrario, el diputado, en lugar de hacer lo mejor para su distrito, aceptase dinero de Bruselas o de fundaciones extranjeras en contra de los intereses de sus representados, éstos tendrían mecanismos para destituirlo en el acto, mediante la revocación del mandato, así que sentiría el aliento del pueblo canario en su cogote que le marcaría bien derecha la línea a seguir, quiera o no, sueñe con el "buenismo" o sea un socialdemócrata irredento o un liberal clásico. Porque esto no va de ideologías, sino de intereses, los de los ciudadanos que poseen un mecanismo certero de control del poder político y son representados por alguien que defienda de la mejor manera dichos intereses. Sólo el pueblo salva al pueblo.

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